Por fin volvió el espectáculo a la competición ciclista más esperada y seguida. Sin embargo, la causa ha sido un único ciclista: Alberto Contador. El mismo que ha destronado al siete veces campeón del Tour, aunque de ninguna otra carrera.

No debemos quitar méritos a aquellos equipos que provocaron que se subiera a Verbier como si fuera una crono. Liquigas sorprendiendo, no por el maillot de Pellizotti como podía parecer, sino por Nibali y Kreuziger; dos ciclistas que se antojaban como eternas promesas y que al fin parecen explotar, especialmente Nibali. Saxo Bank continuó con esa empresa, y obtuvo su recompensa. Al menos en parte, ya que a Lance se le hizo muy larga la subida a ese ritmo.

Aún así, sin la ofensiva de Alberto, se podría haber repetido la historia de tantas otras veces. Un gregario de lujo (líder en cualquer otro equipo, menos en Astaná), marcando el ritmo perfecto para el norteamericano. Ataques sin demasiada confianza que al no ser secundados por ningún otro acabarían muriendo o teniendo como resultado segundos insuficientes.

Finalmente parece que la carrera llegará decidida al Monte Ventoux y a la última contrarreloj, pero no hay que dar nada por ganado. Por cierto, excepcional recuperación de Sastre, que si estuviera en un equipo hecho sólo para el Tour aún conservaría alguna esperanza de victoria.